miércoles, 30 de noviembre de 2011

El impacto represivo en las familias

Declararon en La Plata, cuatro hermanos de los desaparecidos.

Marta Ungaro y Miguel López Montaner narraron la desaparición y búsqueda de sus hermanos secuestrados durante La Noche de los Lápices. “En La Plata, la represión estuvo orientada al movimiento obrero y al estudiantil”, remarcó una de las abogadas.

 Por Ailín Bullentini

Los organismos de derechos humanos que participan del juicio por crímenes de lesa humanidad, cometidos en seis centros clandestinos integrantes del conocido Circuito Camps, bautizaron la jornada de ayer como la “audiencia de los hermanos”. Las historias que se escucharon fueron relatadas por hermanos y hermanas de hombres y mujeres, algunos adolescentes entonces, que fueron secuestrados durante la última dictadura militar y que hoy permanecen desaparecidos. Lo ocurrido con Horacio Ungaro y Francisco López Montaner, dos adolescentes víctimas de La Noche de los Lápices, y los hermanos María Magdalena y Pablo Mainer “sirve para demostrar el impacto criminal que tuvo el aparato represivo del Estado durante la dictadura en las familias”, explicó Guadalupe Godoy, abogada del colectivo Justicia Ya!, querella que solicitó el testimonio de Juan Cristóbal y Maricel Mainer. Además apuntó que “sirve para delinear que la represión y el exterminio del Estado en esos años en La Plata estuvieron orientado al movimiento obrero y al estudiantil. Esta etapa cierra los casos del nivel secundario y empezará la de los estudiantes universitarios, que es muy concreta: de las 281 víctimas tenidas en cuenta en esta causa, más de 100 están directamente relacionadas con la universidad”.

Ayer estaban previstas las declaraciones de dos policías retirados, cuyas palabras fueron rechazadas por las querellas: “Tienen pedido de imputación nuestra y de otros abogados desde hace mucho por considerarlos partícipes de los crímenes. Sin embargo, el juez de instrucción, Arnaldo Corazza, nunca se expidió”, explicó Godoy. La abogada prevé que sucederá lo mismo en la audiencia de hoy con los policías retirados que están citados a declarar como testigos y que también son considerados por las querellas como responsables de crímenes durante la dictadura.

Tras la desaparición de María Magdalena y Pablo, los represores secuestraron a Juan Cristóbal, a otra de sus hermanas y su pareja, y a su madre, en la ciudad de Buenos Aires. “Mientras estuvieron en la Brigada, Juan Cristóbal y Maricel pudieron ver a sus hermanos y enterarse de las negociaciones del ‘grupo de los siete’, de las que participó (el ex capellán policial Christian) Von Wernich. Juan pasó por varios centros clandestinos”, detalló Godoy. Todos sobrevivieron.

El “grupo de los siete” se llamó a un operativo llevado a cabo por Inteligencia del Ejército y Von Wernich en el que “quebraron a un grupo de secuestrados con la promesa de que luego saldrían del país para ‘vivir una experiencia de recuperación’, entre comillas. Años después se supo que habían sido fusilados”, añadió.

En ese sentido, los testimonios de Juan Cristóbal y Maricel sirvieron para exigir al Tribunal Oral Criminal Federal Nº 1 de La Plata que eleve la categorización de los crímenes ocurridos a Pablo y María Magdalena, que por ahora es de tormentos y privación ilegítima de la libertad y que sirvieron para condenar a Von Wernich en 2010 a reclusión perpetua. “Con la excepción de los crímenes de la calle 30, en esta causa los delitos cometidos contra el resto de las 281 víctimas son por torturas y privación ilegítima. En muchísimos casos queda comprobada la desaparición o el asesinato”, concluyó la abogada.

Marta Ungaro, por su parte, reseñó el camino de lucha y búsqueda que inició hace 35 años con el secuestro de su hermano, Horacio, el 16 de septiembre de 1976, durante La Noche de los Lápices. Horacio tenía 16 años, al igual que Francisco López Montaner, otro “lápiz secundario” secuestrado ese día y cuya historia retomó ayer su hermano Miguel.

“Fueron los relatos de tres familias ferozmente atacadas por la dictadura”, detalló la ex detenida-desaparecida y militante por los derechos humanos Nilda Eloy. En el caso de los Ungaro, tras la desaparición de Horacio fue secuestrada otra de las hermanas de la familia, Nora. La búsqueda de Marta y los suyos estuvo plagada de idas y venidas, de datos falsos, de vueltas. “Incluso debieron aguantar el pedido de coimas de (el policía retirado e imputado en el juicio, Roberto) Grillo, que les pidió plata a cambio de información”, remarcó la integrante de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD).

Para Godoy, el relato de Marta es importante, además, a la hora de reflejar la lucha de los familiares en la ciudad de La Plata por recuperar el rastro de sus familiares desaparecidos. “Fueron integrantes de primera hora de todas las movidas que se hicieron en reclamo por lo que entonces ocurría; fueron los que presentaron incansablemente los petitorios de pedido de información a las autoridades”, explicó y afirmó que “varios imputados (en los juicios de lesa humanidad) lo son gracias a la labor de los movimientos de derechos humanos y a sus integrantes”.

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