martes, 27 de marzo de 2012

"Mi mamá me dio a luz en un auto, atada y con ojos vendados"

Teresa Laborde, hija de la ex detenida Adriana Calvo, reconstruyó en el juicio por el Circuito Camps su nacimiento en cautiverio. También declaró la antropóloga Adriana Archenti. Un testigo señaló a un imputado.

Cuatro testigos declararon en una nueva audiencia del juicio por el Circuito Camps que se realiza en La Plata, entre ellos la hija de la ex detenida Adriana Calvo, quien nació en cautiverio y contó que aún padece las consecuencias de esa traumática llegada al mundo. También hablaron ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata los familiares de desaparecidos Mónica Huchanski y Néstor Eduardo Asteinza, quien señaló a un imputado. La antropóloga y docente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) Adriana Archenti contó su detención en uno de los centros de tortura y exterminio de la ciudad.

“Mi mamá estaba embarazada de mi de unos seis meses aproximadamente cuando entraron a nuestro domicilio en La Plata con varias personas, según declara ella, y se la llevaron (…) fue secuestrada conmigo en su vientre, esto fue el 4 de febrero de 1977 y estuvimos hasta el 28 de abril. Yo nací en un traslado”, comenzó su relato ante el tribunal la testigo Teresa Laborde Calvo, hija de la militante de derechos humanos y sobreviviente de la dictadura Adriana Calvo, fallecida el 10 de diciembre de 2010.

La joven, de 34 años, contó a los jueces Carlos Rozanski, Mario Portela y Roberto Falcone las circunstancias de su nacimiento en cautiverio: “Yo nací en un traslado el 15 de abril de 1977. En un auto mi mamá me dio a luz con las manos atadas atrás, con los ojos vendados. Por lo que ella me pudo contar, yo quedé tirada en la parte de atrás en el asiento, ella no me podía agarrar y estuve todo el tiempo hasta el Pozo de Banfield, tirada, desnuda, recién nacida en el piso del auto colgando del cordón”.

Adriana Calvo fue secuestrada en su casa de Tolosa y tras pasar por la Brigada de Investigaciones de La Plata y el destacamento de Arana fue alojada en la comisaría Quinta, desde donde fue retirada hacia el pozo de Banfield cuando comenzó con el trabajo de parto. En ese traslado nació la testigo.

En la audiencia la mujer contó que además de los padecimientos psicológicos causados por su nacimiento y sus primeros días de vida en cautiverio en Banfield y la estigmatización posterior (“En la escuela era ‘Teresa la que nació presa’”, recordó con pesar) tuvo secuelas físicas que le impidieron continuar con su actividad vinculada al teatro y el circo y la obligaron a dedicarse a una ocupación ligada a lo teórico.

“Tengo secuelas físicas y no sólo emocionales como las pesadillas o la angustia”, recordó. Y concluyó: “Desde chiquita tenía un fuerte dolor en la espalda que con el tiempo se hizo más fuerte. Y en un momento me hice ver, porque me desmayé. Me revisaron la espalda y los médicos me preguntaron: ‘¿vos tuviste un nacimiento traumático?’ Y me diagnosticaron una escoliosis múltiple, que puede ser por el miedo que se sintió y que yo evidentemente percibí y por haber estado recién nacida tirada en el piso de un auto recién nacida”.

La Brigada. La sobreviviente Adriana Archenti juró decir la verdad “por los desaparecidos, por la persistencia de la memoria y por la dignidad humana”, antes de declarar ante los jueces. La mujer comenzó su relato explicando quién era ella antes de ser cosificada por la dictadura, y resaltó que estudió antropología en La Plata, que se recibió en el año 1974 y que había participado, orgánica e inorgánicamente, “de los acontecimientos políticos fundamentales de los primeros setenta como Ezeiza o la subida de Cámpora al poder, fui integrante de la JP”.

Según relató, el mismo año en que se recibió comenzó a dar clases en la UNLP, pero tras la muerte de Rodolfo Achem y Carlos Miguel y la posterior intervención de la universidad a finales de ese año, no pudo continuar con su carrera docente. Después del golpe perdió también su otro trabajo en la biblioteca de la legislatura.

Archenti explicó que cuando fue secuestrada en febrero de 1977 estaba viviendo con sus padres en José A. Guisasola (localidad El Perdido), en el partido de Coronel Dorrego, y que hasta allí fue a buscarla una comisión que dijo ser de Coordinación Federal de la Policía Federal Argentina.

La testigo contó que fue trasladada a Bahía Blanca donde estuvo cinco días: “Sé que fueron cinco días. Yo estuve tabicada y esposada atrás todo el tiempo, pero una de las esposas estaba floja, entonces por la noche sacaba una mano y hacía una marca en la pared (con su mano hace el gesto de una raya corta y vertical). Eso era parte de la cultura cinematográfica que yo tenía”.

Por esos días de cautiverio declaró recientemente en el proceso que se realiza en Bahía Blanca por crímenes de lesa humanidad cometidos en el V cuerpo del Ejército.

Luego fue trasladada a la Brigada de Investigaciones de La Plata, donde permaneció tres meses. “Yo estuve tres meses (…) Todo el tiempo estuve tabicada (es decir, con los ojos vendados) pero percibía que era un lugar de intenso movimiento: entraba y salía gente todo el tiempo, en forma individual o grupal”, relató.

En ese lugar fue torturada y compartió cautiverio, al menos, con unas veinte personas a las que pudo enumerar durante su testimonio. En su relato recordó, entre otros, a Marta Veiga, quien supone que estaba embarazada y estaba detenida con su esposo Roberto Suárez; a una chica que apodaban “Eureka” y que estimó que podría ser Susana González. También recordó haber compartido cautiverio con una “chica flaca y morocha de rulos” de quien nunca supo el nombre, con Mabel Conde, con una mujer llamada Virginia, que dijo que podría ser de apellido Tempone, con Anahí, la esposa de Mario Mercader quien estaba también allí.

También recordó haber compartido cautiverio con Alicia Minni y Angélica Campi, quienes junto con ellas son las únicas dos mujeres de las que supo que salieron de allí con vida.

La antropóloga recordó la presencia de un sacerdote en ese lugar y sembró sus sospechas sobre el condenado Christian Von Wernich, de quien se probó en 2007 que visitaba ese centro clandestino de detención.

“Venía alguien a quien llamaban El Cura. Tengo la sensación de que hablaban de él con respeto y temor. No hablé con él pero lo escuché hablar mesianicamente sobre la salvación, siempre ligada a la colaboración”, recordó.

También recordó la visita del coronel Ramón Camps a la Brigada, quien hizo una inspección, para lo que bañaron y esposaron a los detenidos en el lugar.

Por Pablo Roesler - pabloroesler@gmail.com

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