miércoles, 21 de diciembre de 2011

La búsqueda de una embarazada y las confesiones de los policiales

Familiares de la desaparecida Mirta Manchiola declararon en el juicio por el Circuito Camps. El periodista Jorge Manchiola recordó sus indagaciones de la Bonaerense dictatorial de Ramón Camps.

Por Pablo Roesler

“Era vox pópuli en las redacciones los trascendidos de que tanto la comisaría Quinta como la Octava, como la Infantería y la Caballería o como distintos en lugares alejados como Arana, eran lugares donde existían personas detenidas desaparecidas”, recordó Jorge Omar Manchiola en la audiencia del juicio por el Circuito Camps, donde contó con detalles todos los contactos a los que apeló buscando a su hermana desaparecida. Pero en su búsqueda sólo obtuvo de los jefes policiales una confesión a regañadientes, similar a aquel secreto a voces: que había sido capturada en la calle y llevada a la comisaría Quinta de La Plata.
 
El periodista, quien durante la última dictadura cívico militar era prosecretario general de los diarios La Gaceta y El Popular, declaró como testigo por el secuestro de su hermana, Mirta Graciela Manchiola, embarazada de seis meses, quien fue secuestrada a fines de 1976 a pocas cuadras de la casa de su madre, la Abuela de Plaza de Mayo Catalina “Catita” Jaureguiberri, quien participó en la fundación de la filial La Plata de la asociación y que todavía busca a su nieto.

En la misma audiencia declaró también su hermana Marta Marchiola, quien participó junto con su madre en la búsqueda de su hermana y su sobrino, y que no consiguieron que el Monseñor Plaza, ni el Monseñor Gracelli les dijeran nada sobre el destino de la mujer y su hijo en gestación. También declararon en esta audiencia del juicio los sobrevivientes Horacio Matoso y Walter Samperi, quienes recordaron el horror de Arana y otros centros clandestinos de detención que funcionaron bajo la órbita de la Policía Bonaerense del coronel Ramón Camps.

En el juicio a los 22 policías, tres militares y el civil James Smart, que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 sustancia en el ex teatro de la Amia de 4 entre 51 y 53, el periodista Jorge Manchiola, quien trabajaba en las secciones policiales y judiciales de los periódicos, recordó las gestiones que realizó con sus contactos para encontrar a su hermana secuestrada el 5 de noviembre de 1976 en un operativo en calle 18, entre 64 y 65.

A las 21 de esa misma noche se enteró del secuestro y apenas lo supo levantó el teléfono y llamó al titular de la comisaría Quinta, el comisario Osvaldo Sertorio, a quien conocía por la cobertura de los hechos policiales “comunes” que cubría para el diario. El policía le negó la presencia de su hermana en la seccional.

A pesar de la negativa, el periodista insistió con otros contactos y logró confirmar que su hermana estaba ahí. “A partir de esa negativa conseguí el contacto directo con Apolonio Muñoz, que había sido titular de la comisaría Quinta y se comunicó personalmente con Sertorio y le preguntó lo mismo –contó el testigo–. Le dijo que no, pero insistió y le manifestó: ‘Manchiola es un periodista confiable y responsable y quiere saber nada más si su hermana está allí’. Sertorio le dijo: ‘Si, está. Pero que se apure porque se la llevan’. Allí terminó el contacto”.

También recordó que, paralelamente a esa gestión, el secretario general del diario Popular y subdirector de La Gaceta, Juan Carlos Mohamed, consultó por teléfono al comisario Héctor Luis “El lobo” Vides, quien respondió con una amenaza: “Le hizo una advertencia que recuerdo textualmente: ‘Que tu periodista se cuide porque los familiares de subversivos para nosotros también lo son’”.

Ese día Manchiola se quedó en la redacción hasta las 6 de la mañana intentando obtener algún dato de su hermana de sus contactos en la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

El periodista pudo reconfirmar que su hermana estaba en la comisaría Quinta a través del comisario de la Policía Bonaerense, Pedro Costilla y del titular de la Policía federal de La Plata, Jorge Fontana.

“Nosotros no tuvimos nada que ver, pero tu hermana es un salame (así la definió), un perejil. Sirvió para que en 18 entre 64 y 65 se la llevaron a la comisaría Quinta. No tengo la más puta idea dónde puede haber ido a parar”, recordó Manchiola, quien se atajó de Fontana cuando lo llamó para preguntarle qué sabía.

A los tres o cuatro días, otra de sus fuentes se puso en contacto con él: el comisario Pedro Costilla le pidió que fuera a verlo y lo citó en la planta alta de la comisaría Segunda, de la calle 38, entre 7 y 8, donde aseguró que era conocido que era funcionaba la delegación de inteligencia de la policía de la Provincia de Buenos Aires.

“Costilla me dijo: ‘hay que ser ciego, sordo y mudo para escuchar lo que te voy a decir’. Y me dio con escasos variantes, detalles, un relato de lo que pasó con Mirta”, recordó.

Mirta Graciela Manchiola tenía 23 años cuando fue secuestrada. Trabajaba en Vialidad Provincial, estudiaba arquitectura y militaba en la Juventud Peronista. Estaba casada con Guillermo Enrique Otaño, con quien esperaba un hijo.

En noviembre de 1976 vivían en La Granja, en una casa que, por seguridad, ninguno de sus familiares conocía. Según contó Manchiola, los secuestradores de su hermana lograron sacarle la dirección bajo tortura y la llevaron en una camioneta hasta la casa, donde hicieron salir a Otaño y lo fusilaron ahí mismo, delante de la mujer.

Luego, Mirta fue arrojada a la comisaría Quinta. Allí fue vista por las hermanas Blanca y Ana María Barragán, quienes en su testimonio del 5 de noviembre pasado en el juicio por el Circuito Camps confirmaron que había sido torturada y que estaba embarazada.

Ese fue el último contacto que su familia supo de la mujer y de su hijo, que debió haber nacido entre enero y febrero de 1977. Su caso es uno de las once desapariciones de mujeres embarazadas que permanecen desaparecidas, que son juzgados en este debate.

LA HERMANA. Antes de la declaración del periodista habló su hermana Marta, quien recordó ante los jueces que tras la desaparición de Mirta Graciela, con su madre comenzaron la búsqueda de la mujer y su hijo, que todavía continúa.

“Hicimos las gestiones que hicimos todos los familiares de detenidos desaparecidos. Al poco tiempo empezamos a presentar habeas corpus en el juzgado de De la Serna; comenzamos a juntarnos con otras madres que estaban en la misma situación. Se hizo todo lo que pudimos en ese momento: verlo a Monseñor Gracelli, ir a las embajadas, a las Nunciaturas, a ver al monseñor Plaza… Nunca nadie nos supo decir qué habían hecho con ella”, recordó la testigo.

También contó que en esa búsqueda, su madre habló con el líder radical Ricardo Balbín. “Le dijo: ‘que va a hacer señora, con estos chicos militando en política’. Eso fue lo único que le contestó y no hizo absolutamente nada”, recordó la testigo.

HAMBRE Y PAN. El relato de los sobrevivientes Horacio Matoso y Walter Samperi, quienes en la audiencia recordaron su paso por el centro clandestino de detención que funcionó en el destacamento de cuatrerismo de Arana, fue un descenso al infierno.

Matoso primero recordó que fue arrancado de su casa de Ringuelet el 8 de octubre de 1976, una patota que lo llevó al centro de torturas de Arana donde permaneció cinco días sometido a sesiones de picana eléctrica y golpes.

El testigo contó que el 13 de octubre fue trasladado al centro clandestino de detención de Puesto Vasco. Luego fue llevado a la Brigada de Avellaneda donde permaneció como desaparecido hasta el 31 de diciembre de ese año, cuando lo llevaron a la Comisaría Tercera de Valentín Alsina, donde lo “legalizaron”.

Además de padecer la tortura, el sometimiento y la humillación, en esos dos meses y veintitrés días, Matoso padeció la falta de alimentos.

“Cuando llegamos a Valentín Alsina ya había gente que tenía comida. Yo me recuerdo que un compañero que estaba ahí me menciona como si fuera un espectro, de manera que si, había perdido muchísimo peso”, contó el testigo y recordó que ni en Arana ni en Avellaneda había visto comida.

En esa última comisaría lo pusieron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional para luego encerrarlo en la Unidad 9 de La Plata, donde estuvo como un preso legal.

Samperi recordó que fue secuestrado el 17 de septiembre de 1976 junto con su primo, el policía Walter Docters, cuando iba a la terminal a tomar un micro para volver a su casa de Tigre después de visitar a su tía. Permaneció en Arana durante una semana en la que fue sometido a tres sesiones de picana y cuando los policías se convencieron de que era un “perejil” lo largaron. Tenía 16 años.

“Cuando yo salí me llevé un pedazo de pan en el bolsillo. Ahora está en la Basílica de Luján. Lo llevó mi tía. Yo me llevé el pan porque para mi fue como llevarme una parte de mi primo”, recordó y contó que tras ser liberado llevó ese trozo de pan a su tía.

PRÓXIMA AUDIENCIA. Las audiencias continuarán el martes próximo con otros testigos y se espera que el imputado Carlos “El Oso” García, amplíe su declaración indagatoria tal como pidió en la audiencia del lunes tras escuchar el testimonio del ex policía y víctima de la dictadura, Julio César López de Pino, quien lo señaló como jefe y miembro activo de las patotas policiales.

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