miércoles, 10 de octubre de 2012

La justicia inspeccionó otro ex centro clandestino


El juez Carlos Rozanski encabezó la recorrida por la Delegación Departamental de La Matanza. La experiencia de los sobrevivientes.
Por: Pablo Roesler

Es importante que demos testimonio a la sociedad de estos lugares que siguen estando en el corazón de las ciudades", dijo María Amalia Marrón, sobreviviente de la dictadura cívico militar, al salir de la Delegación Departamental de Investigaciones Judiciales de La Matanza. Junto con el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata y la Fiscalía, la mujer acababa de recorrer ese lugar donde funcionó el centro clandestino de detención Brigada de San Justo, una comisaría ubicada en pleno centro de esa localidad donde se realizó una inspección ocular en el marco de las audiencias por el juicio por los crímenes del denominado Circuito Camps.
A las 10:45 el presidente del TOF1, Carlos Rozanski; el secretario del Juzgado, Eduardo Reszes; el fiscal federal Gerardo Fernández; abogados de las querellas y los testigos Marrón y Raúl Eduardo Petruch, quienes ya declararon el 18 de junio pasado en el debate, ingresaron en la delegación policial de la calle Salta Nº 2450, ubicada a una cuadra de la plaza principal de San Justo, enclavada en medio de la Municipalidad y la Iglesia.
La seccional donde durante los años de plomo funcionó un centro de detención y torturas está ubicada frente a un colegio y a la vuelta de otro. En ese lugar, por donde pasaron los delegados desaparecidos de la Mercedes Benz y los padres de la nieta recuperada Paula Logares, luego de que los trajeran de Uruguay, fue una de las bases operativas del Plan Cóndor. Pero el Tribunal recorrió el lugar con una de las dos testigos. Por los testimonios de Marrón y Adriana Chamorro está imputado el médico policial Jorge Bergés.
Marrón y Petruch reconocieron los lugares de detención y tortura e indicaron una de las dependencias donde estuvieron secuestrados, que está a unos pocos metros de la puerta de entrada al antiguo edificio policial de dos plantas y del mostrador de recepción. Nadie de los que trabajaron allí durante la dictadura, aun haciendo tareas administrativas, podría decir que no sabía lo que pasaba puertas adentro.
"Es importante que las personas sepan que los centros clandestinos funcionaron cerca de su casa", reflexionó Marrón tras la inspección, que duró apenas 25 minutos y a la que no se permitió el ingreso de periodistas. El comisario se excusó de que los calabozos estaban llenos de detenidos y que la presencia de cámaras obstaculizaría una rueda de reconocimiento que estaba a punto de comenzar. Treinta y seis años después, el predio continúa a pleno funcionamiento.

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