jueves, 17 de mayo de 2012

“Fui víctima de tormento psicológico mientras estuve detenida, y cuando me liberaron también”

Silvia Beatriz Davids estuvo detenida en la Brigada de Investigaciones en 1976. Le pedían información sobre una lista gremial peronista de Tribunales. Declaró desde México.
 
Silvia Beatriz Davids, desde México, por videoconferencia (Foto: Esteban Martirena)


Silvia Beatriz Davids dormía en su casa de diagonal 78 n° 139, entre 2 y 3, cuando tres personas disfrazadas con anteojos y pelucas interrumpieron su sueño. Era 1º de diciembre de 1976. Ella tenía 24 años y estudiaba Derecho al tiempo que trabajaba en el Tribunal Colegiado de Instancia Única en causas de Familia. Los que irrumpieron en su habitación le preguntaron su nombre e insistieron en que los informe sobre el paradero de “un tal Raúl Alonso y otro, Verón”, que trabajaban con ella; le revisaron el cuarto; la ataron las manos, le vendaron sus ojos. Encerraron al resto de su familia en una habitación y se la llevaron en la parte trasera de un auto. A partir de allí, comenzó su pesadilla: estuvo veinticuatro días detenida en la Brigada de Investigaciones de La Plata, esposada los primeros diez, con los ojos vendados de manera permanente, aterrorizada y encerrada en una celda y sometida a “tortura psicológica permanente”, según ella misma relató a través de una videoconferencia desde México, su actual lugar de residencia, al prestar declaración en el marco del juicio por el denominado Circuito Camps.

Su testimonio -que dio acompañada por el cónsul general de la República Argentina en México, Pablo Exequiel Vilalloro-, fue apreciado en la ex Amia de 4 entre 51 y 53, requerido por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 que investiga las responsabilidades de 21 policías, tres militares y un civil por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 280 víctimas en seis centros clandestinos de detención que comandó la Bonaerense durante la dictadura.

Detención. La testigo presumió que su detención se produjo por su participación en una lista gremial que se presentó en Tribunales y que respondía al peronismo, dentro de la cual, en algún momento, habían participado tanto el mencionado Alonso como Verón, “pero habían renunciado antes de comenzada la Dictadura y pasaron a la clandestinidad. Sé que Alonso murió al tiempo y de Verón nunca más supe nada. Los militares querían saber dónde estaban”, señaló Beatriz Davids. En su relato, comentó que fue interrogada dos veces: la primera, ni bien la llevaron a la Brigada de Investigaciones, después de quitarle sus pertenencias, cambiarle la venda de los ojos y esposarla; y la segunda oportunidad, en presencia de “el francés y el amarillo, dos militares que se apersonaron especialmente, uno era el bueno y el otro el malo”, indicó.

Durante los primeros días o doce días en cautiverio, Davids estuvo recluida en una celda individual de 1 x 2 metros a oscuras total, contigua a la de otra compañera suya de Tribunales: Ana María Valles. Diez días después, le acercaron un colchón y una frazada, y la pasaron a una celda común. Allí estaban detenidas, también, Liliana Galarza y Nora Laspina de Cena, la última detenida junto con su esposo el 15 de noviembre de 1976, embarazada de nueve meses. Al día siguiente de su llegada dio a luz esposada a un radiador de calefacción, tirada en un colchón, según relató Davids.

Para alimentarse, relató la testigo, les acercaban un mate cocido, por la mañana, y luego un almuerzo que consistía en un guiso “asqueroso, pasado, horrible”. “Allí se escuchaba que había movimiento toda la noche, pasaron muchos nombres, traté de recordar todo lo que pude pero sólo me quedaron los de un tal Lugones que pasó por allí, y de Domingo Alconada Aramburu, a quien yo conocía por la Facultad de Derecho”, manifestó la testigo. En una construcción contigua, Davids identificó la presencia de “tres personas que colaboraban con los militares: la gorda Malena, Mariel y Guillermo García Cano”.

Según atestiguó Davids, durante su estadía el trato cotidiano era con policías rasos que “parecían tener miedo a que los reconociéramos cuando saliéramos”. La testigo mencionó que su papá, marino retirado, “hizo gestiones para sacarme, estuvo con Camps que le dijo que me tenían en la Policía de la Provincia de Buenos Aires”.

El 24 de diciembre de 1976, abrieron la puerta de su celda y la llamaron por su nombre. “Temblaba como una hoja, me dijeron que me iba”, recordó. La subieron a un auto, era pleno día de sol, la sentaron en el asiento trasero, le quitaron la venda y le dijeron que cierre los ojos. Salieron de 7 y 66 y la dejaron en diagonal 78 esquina 6. “Bajate y no mires”, le dijeron. Y caminó hasta su casa. “En la Brigada de Investigaciones de La Plata fui víctima de tormento psicológico ahí y después también: una vez que fui liberada siguió el terror y la impunidad. Me liberaron pero al no haber visto nada, yo no sabía si el represor era el taxista, el banquero, o quién. Mi vida se terminó, la carrera de Derecho y también mi trabajo en Tribunales, adonde me aplicaron la Ley de Prescindibilidad, Me terminé yendo de La Plata”, señaló la testigo.

Por la mañana se realizó una inspección en el destacamento de Arana y por la tarde en la comisaría Quinta de La Plata.
Por Cintia Kemelmajer - @cinkemel

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