martes, 6 de marzo de 2012

Etchecolatz, el asesino, con un "incontenible" ataque de nervios

Por un ataque de nervios, el represor Miguel Etchecolatz generó un escándalo de gritos e insultos que obligó a los jueces a suspender la audiencia. No se quería dejar poner una inyección.

La audiencia del juicio por los crímenes cometidos en el Circuito Camps tuvo que ser suspendida anoche durante unos minutos cuando declaraba el dirigente de la Juventud Universitaria Peronista, Manuel Pedreira, a causa de los de los gritos e insultos que el represor Miguel Etchecolatz profería en otra sala del tribunal.

“Soy comisario mayor, la puta que los parió”, se escuchó desde la sala de audiencia. El represor estaba en otra sala del Tribunal Oral en lo Criminal Nº1, ubicado en 4 entre 51 y 53 donde se realiza el debate, y les gritaba a los médicos que intentaban inyectarle medicación para la presión, relataron testigos del episodio. En la vereda esperaba una ambulancia.

El escándalo tuvo su génesis tras la declaración de la testigo Alejandra Santucho, una hija de desaparecidos que relató el asesinato de sus padres Rubén Santucho y Catalina Ginder –tenía 10 años y fue testigo del ataque a su casa- y del secuestro y desaparición de su hermana Mónica, de 14 años.

Al finalizar su relato, Santucho se dirigió a los jueces: “Ya perdimos muchas cosas: perdimos familiares, madres, abuelas, se mueren los genocidas. Por eso les pedimos que esto se acelere lo más rápido posible así hay justicia", reclamó.

Esas palabras provocaron al represor, que se paró e hizo que su abogado Máximo Liva interrumpiera a la mujer. El presidente del tribunal, Carlos Rozanski, recordó que los juicios son reparatorios para víctimas que hacen 35 años que esperan justicia y le recordó al ladero del general Ramón Camps que no podía salir de su lugar en el banquillo de los acusados durante la audiencia.

El reclamo de Etchecolatz provocó con el repudio del público que colmaba la sala, lo que redobló las quejas del represor. El tribunal suspendió la audiencia unos minutos.

Poco después comenzó a declarar el dirigente de la JUP. Juró decir verdad “por la memoria, la verdad y la justicia”, pero el represor ya no estaba en la sala.

Pedreira contaba el secuestro de su esposa, cuando el ruido de sillas golpeadas y una andanada de insultos que provenían de una sala ubicada debajo del escenario del ex teatro de la Amia donde funciona el tribunal, obligó a los jueces a suspender momentáneamente las palabras del testigo. 

Pablo Roesler
pabloroesler@gmail.com

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