martes, 5 de junio de 2012

Imputado reconoció la tortura "por necesidad"

Cozzani confesó haber visto sesiones de picana a los Graiver
 En el juicio por el Circuito Camps, el imputado dijo haber estado presente mientras pasaban corriente eléctrica e interrogaban a Lidia Papaleo, a su suegro Juan Graiver, su cuñado Isidoro, su suegra y dos secretarias del grupo económico.
Cozzani declara en el juicio por el denominado Circuito Camps (Foto: Esteban Martirena)--
 
Uno de los imputados en el juicio por el Circuito Camps confesó haber presenciado las sesiones de tortura con picana a Lidia Papaleo, a su suegro Juan Graiver, a su cuñado Isidoro y a dos secretarias del grupo Graiver luego de que fueran desapoderados de la empresa Papel Prensa. “Yo presencié el paso de corriente eléctrica”, dijo Norberto Cozzani al referirse a los interrogatorios de los integrantes de la familia y admitió, también, haber participado en sus detenciones. La semana pasada Lidia y –ayer– Isidoro lo acusaron de ser su torturador.

Con la declaración de Cozzani se rompió un pacto de silencio, estimaban los querellantes fuera de Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata, donde se realiza el proceso a 24 acusados por crímenes contra 280 víctimas, en el que por primera vez un imputado reconoció en un debate oral y público la tortura a detenidos políticos durante la dictadura cívico militar.

En las más de dos horas y media de declaración, Cozzani afirmó haber presenciado torturas con picana eléctrica a Juan e Isidoro Graiver, a Lidia Papaleo y a las secretarias Silvia Fanjul y Lidia Angarola, a las que calificó –en línea con las recientes confesiones periodísticas del dictador Rafael Videla– como apremios “necesarios” para obtener información en los primeros momentos del cautiverio.

“En Puesto Vasco yo llevaba los detenidos, estuve presente en tres o cuatro interrogatorios, incluso en los que vi el paso de corriente eléctrica, pero estoy lejos de ser el torturador o el interrogador”, dijo Cozzani. Y aclaró que en el caso Graiver el interrogador fue el director de Inteligencia Interior, comisario mayor Alberto Rousse, quien estaba encargado con él de las investigaciones del caso “y no queríamos que nadie tomara cartas en el asunto”, confesó.

“Esto sucedió ni bien fue detenido el señor Juan Graiver y ni bien fue detenida la señora Lidia Papaleo de Graiver”, confesó. Y abundó: “Vi el paso de corriente eléctrica y un interrogatorio en el que le preguntaban cómo era la conformación del grupo, cuántas personas eran y dónde estaban”.

Cozzani, quien en los primeros años de la dictadura revestía como cabo en la Policía Bonaerense bajo las órdenes del comisario mayor Miguel Etchecolatz, dijo que a Lidia Papaleo la habían aplicado picana “en todo el cuerpo” y aclaró que a esas cinco personas no se las torturó por “sadismo, sino por necesidad”. “En lo que yo vi no hubo sadismo ni ninguna de las barbaridades que dijo la señora Papaleo”, esgrimió como presunta defensa, desmintiendo a la viuda de David Graiver, quien dijo haber sido golpeada y vejada en más de una oportunidad.

En su confesión, Cozzani aseguró que llevó adelante y participó en el secuestro de la familia Graiver. Incluso ratificó una declaración anterior en la que había admitido desapoderar a Lidia Papaleo de las acciones al portador del diario La Opinión, durante un “careo” entre la mujer y Jacobo Timerman, mientras ambos estaban secuestrados.

En la ampliación indagatoria desligó a los diarios Clarín, La Nación y La Razón de la apropiación de Papel Prensa y abonó la vinculación de David Graiver con los Montoneros, a quienes identificó con el periodista Juan Gasparini, y los acusó de las amenazas a la familia luego de la muerte del empresario en el accidente aéreo en México. De todas formas, dijo que obtuvo información del Ejército sobre el grupo Graiver y que “por ese lado se sabía más que lo que habíamos recolectado nosotros”.

Cozzani sorprendió a todos, inclusive a Etchecolatz, quien lo observó con el rostro tenso desde el corralito que encierra a los acusados. Acababa de romper el silencio y quizá por eso pidió protección: “Después de esto voy a ver que cierren con llave la puerta de mi celda todas las noches”, disparó Cozzani.
Por Pablo Roesler - pabloroesler@gmail.com

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